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Tras cuatro anémicas jornadas, el desfile de Alvarno en la Madrid Fashion Week fue como toparse con una copa de champán en mitad del desierto. Arnaud Maillard y Alvaro Castejón hicieron alarde de algo tan raro como necesario en la cita: riesgo. Si la industria de la moda se sostiene sobre la premisa de la renovación constante –nuevas tendencias cada seis meses-, una pasarela no puede permitirse vivir instalada en el conformismo. La edición en la que la antigua Cibeles cumplía 30 años y que ha concluido este martes ha constatado la falta de voces propias y discursos relevantes. Un motivo de reflexión para todos los actores que intervienen en el sector español: de fabricantes a medios. Aunque la pasarela también confirmó que existen motivos para la esperanza. Entre otros, la ambiciosa sastrería de Etxeberría o la prometedora visión de Juan Vidal, pasando por el proyecto internacional de Juanjo Oliva. Y, por supuesto, el trabajo de Maillard y Castejón, que les ha valido por segunda vez consecutiva el premio L’Óreal a la mejor colección de la temporada.

“No hay que tener miedo a salir de tu zona de confort. Sino, acabas mostrando una y otra vez la misma colección con distintos estampados”, argumentaba Maillard. El francés trataba de justificar así una propuesta poderosa pero alejada del sofisticado estilo burgués con el que debutaron el pasado septiembre en la Mercedes Benz Fashion Week Madrid y que tan buena acogida tuvo.

La colección de Ailanto otoño/invierno está inspirada en la obra de Gunta Stöltz. La firma con sede en Barcelona, propone piezas que sugieren la mezcla del arte moderno con textiles industriales, dejando claro que las diferentes proporciones, con la combinación de colores y formas, son sus grandes apuestas

 

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